sábado, 29 de septiembre de 2012

San Vital de Rávena

Obra: San Vital de Rávena
Fecha: Comenzada en el 522 y consagrada el 547
Estilo: Bizantino, Primera Edad de Oro
Material: Ladrillo en el exterior

En el año 402 el emperador romano Honorio traslada la capital del Imperio a Rávena. Pero es su hermana, Gala Placidia, quien manda en una ciudad que se enriquece con importantes edificios religiosos. El año 540, Justiniano, el emperador del Imperio Oriental, que soñaba con la unión de Occidente latino y el Oriente griego, expulsa a los ostrogodos de la ciudad. Rávena vive su momento de esplendor. La iglesia había sido comenzada el 522, todavía bajo dominación ostrogoda. En el 547 se consagra esta Iglesia dedicada a San Vital, primer mártir de la ciudad, en el mismo lugar en que fue martirizado. Junto con las basílicas de San Apolinar in Classe y San Apolinar Nuovo, también de este momento, dotan a la ciudad de la categoría que se pretendía. Esta iglesia, templo oficial de la segunda capital del Imperio bizantino, tiene, por tanto, un claro carácter propagandístico.
La iglesia, de plan central, presenta un octógono sobre el que se levanta una cúpula rodeado de otro octógono mayor que lo envuelve. Este modelo se aparta del de las basílicas paleocristianas, en las que, al ser su planta de cruz latina, predominaba la idea de “espacio-camino” hacia el altar, con todo el simbolismo que conlleva de la vida como camino. Ahora el interior del templo adquiere un carácter ascensional, de contemplación de la gloria celestial que se encuentra en la cúpula. Montada sobre un esbelto tambor. Este modelo imita el de la iglesia de los santos Sergio y Baco que se encuentra en Bizancio.
El exterior es muy sobrio al realizarse con un material ligero pero resistente como es el ladrillo. Con el mismo material están realizadas las lesenas, bandas verticales, que llegan hasta el alero del tejado. Además de actuar como pequeños contrafuertes, dividen los paños del muro y lo hacen más decorativo. Los arcos son de medio punto. Presenta además arcos de descarga embebidos en el muro. En la parte superior se encuentra el cimborrio, también octogonal por fuera.
Esta pobreza o austeridad exterior contrasta con la riqueza que los mosaicos manifiestan en el interior.

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