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domingo, 8 de julio de 2012

Diadúmeno

Obra: Diadúmeno
Autor: Policleto
Fecha: 420 a.C.
Estilo: Griego, primer período clásico
Material: Mármol a partir de la original, posiblemente en bronce

La temática de la escultura griega, desde los inicios, se centra fundamentalmente en la figura humana. La escultura de bulto redondo es la más propicia para plasmar la grandeza y la perfección con las que los griegos concebían el cuerpo humano. 
El escultor griego realiza un esfuerzo constante por alcanzar la perfección, por superar los problemas de la anatomía humana, de la perspectiva, de la composición, de la expresividad, del “realismo idealizado”. Busca el naturalismo, porque la naturaleza es bella, pero realiza prototipos ideales de belleza que le llevan a indagar, entre otras cosas, las proporciones humanas perfectas. Este es el caso de Policleto. 
La estatua ilustra los principios enunciados por Policleto en su Canon, libro hoy desparecido, en el que se considera que la altura total del hombre equivalía a siete veces la altura de la cabeza, que es la longitud del pie apoyado. 
Aporta una interesante solución para las figuras de pie en reposo: una pierna soporta el peso del cuerpo y la otra apenas toca el suelo con la punta del pie, y flexiona la rodilla tirándola hacia atrás. La tensión que genera esta descompensación se compensa con ligeras inclinaciones en la pelvis y en los hombros. El momento que elige no es dinámico ni violento pero tampoco estático. El atleta está colocado relajadamente; así comienza el contraposto, una forma que hará historia posteriormente. 
La obra representa a un atleta griego en el momento de ceñir su cabeza con la cinta de la victoria que identifica al ganador de una competición deportiva. La postura hace que el personaje arquee todo el cuerpo, y desnivele el eje de las caderas y de los hombros. Y aunque todavía rige la ley de frontalidad para admirar la escultura, es el golpe de muerte a la ley de simetría. 
Todavía está desnudo después de la competición; otro elemento importante en la escultura griega: la valoración del desnudo humano.
Finalmente, conviene señalar la diartrosis, por la que se acentúan las líneas divisorias entre brazos y piernas, el borde inferior de los pectorales, cintura e ingles. En la imagen, detalle del torso del Diadúmenos Vaison, copia romana del siglo II d.C. en mármol.
 
Posiblemente el original estuvo realizado en bronce, pero como de tantas obras griegas, lo que conocemos son algunas copias romanas. Varias de ellas en la imagen de abajo.
 

 

 
 
 
 
 
 

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A temática da escultura grega, desde os inicios, céntrase fundamentalmente na figura humana. A escultura de vulto redondo é a máis propicia para plasmar a grandeza e a perfección coas que os gregos concibían o corpo humano.
O escultor grego realiza un esforzo constante por alcanzar a perfección, por superar os problemas da anatomía humana, da perspectiva, da composición, da expresividade, do "realismo idealizado". Busca o naturalismo, porque a natureza é bela, pero realiza prototipos ideais de beleza que o levan a indagar, entre outras cousas, as proporcións humanas perfectas. Este é o caso de Policleto.
A estatua ilustra os principios enunciados por Policleto no seu Canon, libro hoxe desaparecido, no que se considera que a altura total do home equivalía a sete veces a altura da cabeza, que é a lonxitude do pé apoiado.
Achega unha interesante solución para as figuras de pé en repouso: unha perna soporta o peso do corpo e a outra apenas toca o chan coa punta do pé, e flexiona o xeonllo tirándoo cara atrás. A tensión que xera esta descompensación compénsase con lixeiras inclinacións na pelve e nos ombreiros. O momento que elixe non é dinámico nin violento pero tampouco estático. O atleta está colocado relaxadamente; así comeza o contraposto, unha forma que fará historia posteriormente.
A obra representa a un atleta grego no momento de cinguir a súa cabeza coa cinta da vitoria que identifica ao gañador dunha competición deportiva. A postura fai que o personaxe arquee todo o corpo, e desnivele o eixo das cadeiras e dos ombreiros. E aínda que rexe a lei de frontalidade para admirar a escultura, é o golpe de morte á lei de simetría.
Aínda está espido logo da competición; outro elemento importante na escultura grega: a valoración do espido humano.
Finalmente, convén sinalar a diartrose pola que se acentúan as liñas divisorias entre brazos e pernas, o bordo inferior dos pectorais, cintura e inguas.
Posiblemente o orixinal estivo realizado en bronce, pero como de tantas obras gregas, o que coñecemos son algunhas copias romanas.
 




sábado, 7 de julio de 2012

Altar de Zeus


Obra:
Altar de Zeus en Pérgamo (hoy Turquía)
Fecha: 180-160 a.C.
Estilo: Griego, período helenístico
Técnica: Altorrelieves de mármol

En la época clásica griega, los templos, dedicados a los dioses o diosas de la ciudad, albergaban la estatua del dios o de la diosa  y se entraba en ellos para venerar al dios o diosa correspondiente. Las ceremonias religiosas se realizaban en el témenos, espacio sagrado situado delante del templo, donde se encontraban los altares para los sacrificios.
Pero durante el período helenístico estos altares fueron aumentando de tamaño hasta hacerse realmente grandes. Buen ejemplo de esto es este altar que se encontraba en la acrópolis de Pérgamo.
Está construido sobre un podio sobre el que se levanta una columnata de orden jónico dividida en tres cuerpos, uno central al fondo y dos laterales y con una gran escalinata.
En el patio cuadrangular de su interior estaba el altar para los sacrificios en el que se quemaba incienso y se hacían libaciones en honor de los dioses. 
La reconstrucción del altar realizada en el museo de Berlín ha modificado esta disposición.

Maqueta del altar de Zeus
 
Pero lo más importante de la obra se encuentra en el zócalo interior que tiene una decoración escultórica hecha en relieve, con 2,30 m de altura y 113 m de longitud. La  decoración narra la Gigantomaquia, un episodio de la mitología griega,  en la que luchan los dioses contra los gigantes y en la que, al final, Zeus y Atenea, dioses representados de forma poderosa, logran vencer a los gigantes.
Las escenas están tratadas con gran realismo y crudeza. La batalla se desencadena con una violencia terrible; los titanes son aniquilados por los dioses triunfantes, y se debaten entre el dolor y la agonía. Un salvaje movimiento y la agitación de los ropajes lo llenan todo.
A pesar de la enorme cantidad de motivos y figuras, el friso de Pérgamo recupera algunas de las cualidades esenciales de la estatuaria clásica del último momento: su claridad y nitidez, su organización visual y, en última instancia, su monumentalidad. La gran agitación y el carácter extremadamente voluminoso de muchas de las figuras, la narrativa gesticulación de sus rostros o la curiosa descripción de sus formas no son obstáculo para una visión global del conjunto y una fácil captación del ritmo.
Escena del altar de Zeus

 Para conseguir efectos más llamativos, el relieve ya no es plano, sino que está compuesto con figuras que casi salen totalmente de la pared (altorrelieve) y que, en la lucha, parecen desbordarse por la escalera que lleva hacia el altar. El artista se propuso conseguir efectos de gran fuerza dramática. En esta obra se aprecia cómo el arte griego del período helenístico alcanza su punto álgido de barroquismo.

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Obra: Altar de Zeus en Pérgamo (hoxe Turquía)
Data: 180-160 a.C.
Estilo: Grego, período helenístico
Técnica: Altos relevos de mármore

Na época clásica grega, os templos, dedicados aos deuses ou deusas da cidade, albergaban a estatua do deus ou da deusa; entrábase neles para venerar o deus ou deusa correspondente. As cerimonias relixiosas realizábanse no témenos, espazo sacro situado diante do templo, onde se atopaban os altares para os sacrificios. 
Pero durante o período helenístico estes altares foron aumentando de tamaño ata facerse realmente grandes. Bo exemplo disto é este altar que se atopaba na acrópole de Pérgamo.
Está construído sobre un podio sobre o que se levanta unha columnata de orde xónico dividida en tres corpos, un central ao fondo e dous laterais e cunha gran escalinata.
No patio cuadrangular do seu interior estaba o altar para os sacrificios no que se queimaba incenso e se facían libacións en honra dos deuses. A reconstrución do altar realizada no museo de Berlín modificou esta disposición.

Pero o máis importante da obra atópase no zócalo interior que ten unha decoración escultórica feita en relevo, con 2,30 m de altura e 113 m de lonxitude. A decoración narra a Xigantomaquia, un episodio da mitoloxía grega, na que loitan os deuses contra os xigantes e na que, ao final, Zeus e Atenea, deuses representados de forma poderosa, logran vencer os xigantes.
 As escenas están tratadas con gran realismo e crueza. A batalla desencadéase cunha violencia terrible; os titáns son aniquilados polos deuses triunfantes, e debátense entre a dor e a agonía. Un salvaxe movemento e a axitación das roupaxes éncheno todo.
A pesar da enorme cantidade de motivos e figuras, o friso de Pérgamo recupera algunhas das calidades esenciais da estatuaria clásica do último momento: a súa claridade e nitidez, a súa organización visual e, en última instancia, a súa monumentalidade. A gran axitación e o carácter extremadamente voluminoso de moitas das figuras, a narrativa xesticulación dos seus rostros ou a curiosa descrición das súas formas non son obstáculo para unha visión global do conxunto e unha fácil captación do ritmo. 

Escena del altar de Zeus
Para conseguir efectos máis rechamantes, o relevo xa non é plano, senón que está composto con figuras que case saen totalmente da parede (altorrelevo) e que, na loita, parecen desbordarse pola escaleira que leva cara ao altar. O artista propúxose conseguir efectos de gran forza dramática. Nesta obra apréciase como a arte grega do período helenístico alcanza o seu punto álxido de barroquismo.

martes, 12 de enero de 2010

Metopa nº 27 del Partenón



Obra: Metopa 27 del Partenón
Autor: Entorno de Fidias
Fecha: Segunda mitad del siglo V a.C.
Estilo: Griego; periodo clásico
Material: Mármol policromado

Fidias estaba a cargo del programa iconográfico del Partenón; fue un encargo de su amigo Pericles, máximo dirigente de la democrática Atenas. A pesar de que no puede descubrirse su mano en todas las esculturas que han llegado hasta nosotros, el cuidado programa de decoración exigía un único autor, que todos identifican con el escultor Fidias.
En las metopas es más evidente la diversidad de calidad y estilo. Fueron realizadas por un plantel numeroso de escultores. Parece ser que no había posibilidad de aceptar normas estrictas impuestas por Fidias para ser cumplidas a rajatabla, sino que el estudio de la decoración escultórica del Partenón indica que el sistema de trabajo fue siempre el mismo: instrucciones probablemente orales sobre tema y contenido, y ejecución e interpretación libres. Naturalmente, lo único que venía impuesto era el formato.
Para las metopas se utilizaron temas distintos en cada uno de los cuatro lados; en el este la Gigantomaquia, en el oeste la Amazonomaquia, en el norte la destrucción de Troya y en el sur la Centauromaquia.
Casi todas las que han sobrevivido, tras los avatares sufridos, representan batallas de lapitas y centauros.
En esta metopa, la nº 27, se muestra una composición bien lograda y un tratamiento avanzado de la anatomía; el lapita ha capturado al centauro con la mano izquierda. Con las piernas firmes y la respiración contenida extiende hacia atrás el brazo derecho para propinar el golpe final. El manto del lapita cuelga en pliegues de ambos brazos y por detrás de su cuerpo, creando un fondo originalmente pintado de azul contra el que sobresalía. Es un alto relieve con un fondo totalmente liso, en el que predominan los valores plásticos o escultóricos de los dos personajes. No hay paisaje que distraiga de la intensidad del tema. Estas mismas características se observan en otras metopas de las que tienes unos ejemplos más abajo.

Los desperfectos que han sufrido las metopas del Partenón se ven bien en esta imagen del friso. Hay metopas arrancadas y otras estropeadas. Recordamos que a principios del XIX fue despojada de esculturas por Thomas Bruce, 7º conde de Elgin, embajador británico.


Sala del Brithis Museum (Londres) con diversos mármoles del Partenón.

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Fidias estaba a cargo do programa iconográfico do Partenón; foi un encargo do seu amigo Pericles, máximo dirixente da democrática Atenas. A pesar de que non pode descubrirse a súa man en todas as esculturas que chegaron ata nós, o coidado programa de decoración esixía un único autor, que todos identifican co escultor Fidias.
Nas métopas é máis evidente a diversidade de calidade e estilo. Foron realizadas por un cadro de persoal numeroso de escultores. Parece ser que non había posibilidade de aceptar normas estritas impostas por Fidias para ser cumpridas a machada, senón que o estudo da decoración escultórica do Partenón indica que o sistema de traballo foi sempre o mesmo: instrucións probablemente orais sobre tema e contido, e execución e interpretación libres. Naturalmente, o único que viña imposto era o formato.
Para as métopas utilizáronse temas distintos en cada un dos catro lados; no leste a Xigantomaquia, no oeste a Amazonomaquia, no norte a destrución de Troia e no sur a Centauromaquia.
Case todas as que sobreviviron, tras os avatares sufridos, representan batallas de lapitas e centauros.
Nesta métopa, a nº 27, amósase unha composición ben lograda e un tratamento avanzado da anatomía; o lapita capturou o centauro coa man esquerda. Coas pernas firmes e a respiración contida estende cara atrás o brazo dereito para propinar o golpe final. O manto do lapita colga en pregues de ambos os brazos e por detrás do seu corpo, creando un fondo orixinalmente pintado de azul contra o que sobresaía. É un altorrelevo cun fondo totalmente liso, no que predominan os valores plásticos ou escultóricos dos dous personaxes. Non hai paisaxe que distraia da intensidade do tema. 
Os danos das metopas do Partenón queda ben visto nesta imaxe do friso. Hai metopas rasgadas e outras danadas. Lembramos que a principios do século XIX foi desposuída das esculturas de Thomas Bruce, VII conde de Elgin, embaixador británico.