martes, 12 de enero de 2010

Metopa nº 27 del Partenón



Obra: Metopa 27 del Partenón
Autor: Entorno de Fidias
Fecha: Segunda mitad del siglo V a.C.
Estilo: Griego; periodo clásico
Material: Mármol policromado


Fidias estaba a cargo del programa iconográfico del Partenón; fue un encargo de su amigo Pericles, máximo dirigente de la democrática Atenas. A pesar de que no puede descubrirse su mano en todas las esculturas que han llegado hasta nosotros, el cuidado programa de decoración exigía un único autor, que todos identifican con el escultor Fidias.
En las metopas es más evidente la diversidad de calidad y estilo. Fueron realizadas por un plantel numeroso de escultores. Parece ser que no había posibilidad de aceptar normas estrictas impuestas por Fidias para ser cumplidas a rajatabla, sino que el estudio de la decoración escultórica del Partenón indica que el sistema de trabajo fue siempre el mismo: instrucciones probablemente orales sobre tema y contenido, y ejecución e interpretación libres. Naturalmente, lo único que venía impuesto era el formato.
Para las metopas se utilizaron temas distintos en cada uno de los cuatro lados; en el este la Gigantomaquia, en el oeste la Amazonomaquia, en el norte la destrucción de Troya y en el sur la Centauromaquia.
Casi todas las que han sobrevivido, tras los avatares sufridos, representan batallas de lapitas y centauros.
En esta metopa, la nº 27, se muestra una composición bien lograda y un tratamiento avanzado de la anatomía; el lapita ha capturado al centauro con la mano izquierda. Con las piernas firmes y la respiración contenida extiende hacia atrás el brazo derecho para propinar el golpe final. El manto del lapita cuelga en pliegues de ambos brazos y por detrás de su cuerpo, creando un fondo originalmente pintado de azul contra el que sobresalía. Es un alto relieve con un fondo totalmente liso, en el que predominan los valores plásticos o escultóricos de los dos personajes. No hay paisaje que distraiga de la intensidad del tema.

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Fidias estaba a cargo do programa iconográfico do Partenón; foi un encargo do seu amigo Pericles, máximo dirixente da democrática Atenas. A pesar de que non pode descubrirse a súa man en todas as esculturas que chegaron ata nós, o coidado programa de decoración esixía un único autor, que todos identifican co escultor Fidias.
Nas métopas é máis evidente a diversidade de calidade e estilo. Foron realizadas por un cadro de persoal numeroso de escultores. Parece ser que non había posibilidade de aceptar normas estritas impostas por Fidias para ser cumpridas a machada, senón que o estudo da decoración escultórica do Partenón indica que o sistema de traballo foi sempre o mesmo: instrucións probablemente orais sobre tema e contido, e execución e interpretación libres. Naturalmente, o único que viña imposto era o formato.
Para as métopas utilizáronse temas distintos en cada un dos catro lados; no leste a Xigantomaquia, no oeste a Amazonomaquia, no norte a destrución de Troia e no sur a Centauromaquia.
Case todas as que sobreviviron, tras os avatares sufridos, representan batallas de lapitas e centauros.
Nesta métopa, a nº 27, amósase unha composición ben lograda e un tratamento avanzado da anatomía; o lapita capturou o centauro coa man esquerda. Coas pernas firmes e a respiración contida estende cara atrás o brazo dereito para propinar o golpe final. O manto do lapita colga en pregues de ambos os brazos e por detrás do seu corpo, creando un fondo orixinalmente pintado de azul contra o que sobresaía. É un altorrelevo cun fondo totalmente liso, no que predominan os valores plásticos ou escultóricos dos dous personaxes. Non hai paisaxe que distraia da intensidade do tema.

1 comentario:

L'Herald de l'Eixample dijo...

Llama la atención que en la totalidad de lugares que comentan las metopas del Partenón se centran, como mínimo, sino únicamente, en la XXVII (27). Todos estamos de acuerdo que es la mejor, pero también uno se da cuenta que unos están copiando a otros. Evidentemente no sé quien es el copiador y el copiado, pero si está claro que hay una falta de seguridad en la crítica cuando hay otras interesantes, como la XXIX (29), que a pesar de estar en malas condiciones tiene suficiente luz para ser una gran obra.