miércoles, 6 de mayo de 2009

Murillo: Sagrada familia del pajarito


Obra: La sagrada familia del pajarito
Autor: Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682)
Fecha: Siglo XVII (h. 1650)
Estilo: Barroco
Técnica: Óleo sobre lienzo
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La Sagrada familia del pajarito es una de las obras más populares de Murillo, pintor barroco de la escuela sevillana. La obra fue realizada al óleo sobre lienzo hacia 1650. El nombre de la obra hace alusión al pajarito que el Niño Jesús enseña al perrillo que tiene a sus pies. Es una escena tierna, familiar, con Jesús apoyado en los brazos de su padre San José. Parece una escena de género de una casa de humilde condición más que una obra religiosa. No hay ningún elemento que nos hable de religión o santidad; no hay nimbos de santos, no hay resplandores celestes, etc. La madre, la Virgen María, con un ovillo en la mano y un hilo en la otra, ha parado un momento el trabajo para mirar embelasada a su rubio retoño. San José, como padre solícito y protector, no había tenido nunca tanto protagonismo en la historia del arte. Pero durante la Contrarreforma la devoción a San José creció considerablemente. El culto fue promovido por jesuitas y carmelitas, instituciones religiosas que a partir de mediados del siglo XVI impulsaron la devoción a San José entre sus fieles. Santa Teresa de Jesús le declaró patrono de todos los conventos de carmelitas que iba fundando. Murillo resalta el valor de San José como trabajador. El mundo del trabajo aparece en el banco de carpintero con diversos objetos y la sierra de mano que aparecen a nuestra derecha. La Virgen también trabaja en una devanadora de hilo; a sus pies tiene una cesta de costura con la labor realizada o que tiene que realizar. El cuadro responde a la técnica tenebrista que se había puesto de moda en Sevilla. Hay un potente foco de luz que entra por nuestra izquierda y que incide sobre los tres rostros. Es un tenebrismo matizado: los rostros están perfectamente modelados. El fondo uniforme, oscuro y neutro, no impide que nos demos cuenta de que la habitación es muy sencilla. Con esta suavidad de los rostros resaltan más los personajes sobre el fondo oscuro. El protagonista del cuadro es el Niño, que recibe más luz y que está situado en medio del cuadro.El dibujo, como siempre en Murillo, es seguro y elegante. Según quería la Contrarreforma, por la piedad, por el sentimiento, el cristiano debería llegar a Dios, y nada más adecuado para entender esto que este cuadro.

1 comentario:

Mari Carmen Alfocea dijo...

No es una manzana lo que la Virgen lleva en la mano, sino un ovillo de hilo.