martes, 19 de mayo de 2009

París: Notre Dame



Obra: Catedral de París (Notre Dame)
Autor: Anónimo
Fecha: Comienza su construcción en 1163
Estilo: Gótico
Material: Piedra

En la Isla de Francia, en el centro de París, rodeada por el Sena, se levanta, pasada la mitad del XII, la catedral dedicada a la Virgen María (Notre Dame, Nuestra Señora), una excelente muestra del gótico francés.
Tiene cinco naves, con la central más amplia que las laterales, con un transepto que no destaca en planta pero sí, como vemos, en alzado. Presenta una doble girola o deambulatorio.
Como obra gótica, se constata una ligereza estructural apreciable sobre todo por el exterior y que permite alcanzar dos objetivos de la arquitectura gótica: la luz en el interior del edificio y la sensación de verticalidad.
El problema de la iluminación interior del edificio queda solucionado con grandes ventanales. Como nuevos elementos arquitectónicos aparecen el arco apuntado u ojival, que presenta dos centros, y la bóveda de crucería como elemento de cubrición. Los empujes de estas bóvedas son más verticales que las formadas por los arcos de medio punto que usaba el románico. Esto permite distribuir mejor las cargas y buscar una altura mayor del edificio. Las fuerzas de los puntos de apoyo de las bóvedas de crucería se derivan hacia los contrafuertes exteriores (estribos) mediante arbotantes. A veces estos arbotantes son dobles, y vuelan por encima de las naves y capillas laterales. El arbotante sirve, además, para canalizar el agua del tejado hacia el exterior, y así no empaña el muro o las vidrieras.
Los pináculos que aparecen sobre los estribos buscan la sensación de verticalidad.
Las dos torres a los pies de la obra, lado oeste, están terminadas en forma de terraza plana. Estas torres se convierten en normativas hasta el siglo XV, en que el remate en forma de chapiteles adulterará esta disposición.
Con el gótico el muro pierde la importancia que, como elemento sustentante, tenía en el románico. Se pueden abrir grandes vanos cerrados con vidrieras y rosetones para que la luz entre a raudales en el interior.
La obra se realizó sin apenas interrupciones. París está en el siglo XII en un momento de esplendor, con una fuerte expansión demográfica, económica y cultural (a mediados del XII se funda la Universidad de París junto a Notre Dame), y además es la capital del reino.
La catedral, sede del obispo de la ciudad, cobra en estos momentos una dimensión extraordinaria. Las ciudades han resurgido con gran importancia en el terreno político. Por eso comenzarán a construirse catedrales en las ciudades a finales del XII y comienzos del XIII, como la mejor ofrenda que pueden hacer a Dios. Simultáneamente a esta se levantan otras catedrales a su alrededor en un estilo más avanzado dentro del gótico como son las de Chartres, Reims y Amiens.
El nuevo estilo gótico ya tenía varias experiencias anteriores, sobre todo la construcción de la basílica de Saint Denis, la primera que se levanta en estilo gótico, muy próxima a París.
En el XIX, dentro del historicismo goticista, Viollet-le-Duc hace algunas modificaciones en esta construcción, como colocar gabletes en las ventanas, cambiar la rotación del rosetón sur (el que vemos), o cambiar la piedra de los arbotantes.
El nuevo modo de construir en Francia influyó, durante el reinado de Fernando III el santo, en dos figuras importantes dentro de la historia de España: el obispo de Burgos, Don Mauricio, y el obispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, que promovieron la construcción de catedrales dentro de este estilo en sus sedes episcopales. La catedral de León, mandada levantar por Martín Fernández, su obispo, es un poco posterior.

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