domingo, 27 de marzo de 2011

Géricault: La balsa de la Medusa


Obra: La balsa de la Medusa
Autor: Théodore Géricualt (1791-1824)
Fecha: XIX (1819)
Estilo: Romanticismo
Técnica: Óleo sobre lienzo
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En esta obra se representa las consecuencias del naufragio de la fragata de la marina francesa Méduse, que desviada de su curso, encalló el 2 de julio en frente a la costa de Mauritania. Los pasajeros y la tripulación intentaron alcanzar la costa africana, a 60 kms, en seis botes. La Méduse llevaba 400 personas, incluida una tripulación de 160, pero en los botes solo había espacio para 250. El resto -al menos 146 hombres y una mujer- se apiñaron en una balsa rápidamente construida de 20 por 7 metros, que se sumergió parcialmente una vez que fue cargada. Miembros de los otros botes intentaron arrastrar la balsa, pero tras unos kilómetros, las amarras se soltaron o alguien las soltó. El capitán dejó a los pasajeros entregados a su suerte. La situación se degradó; pues en la primera noche; 20 hombres se suicidaron o fueron asesinados, ya que para comer sólo se tenían una bolsa de galletas y dos contenedores de agua. Todas las personas, excepto 15, murieron durante los 13 días que tardaron en ser rescatadas por la nave Aarhus, y por suerte, ya que las autoridades no intentaron buscar la balsa. Los sobrevivientes soportaron el hambre, la deshidratación, el canibalismo y la locura. El hecho llegó a ser un escándalo internacional, y una enorme vergüenza pública para la restaurada Monarquía francesa de Luis XVIII.

La historia fue censurada por el gobierno, que impidió que se conociera por la prensa. Géricault, al que nadie le había encargado el cuadro, seleccionó conscientemente este incidente para generar un interés público y que le ayudara a comenzar su carrera de pintor. El cuadro mantiene relación con los cuadros de historia, pero rompe, tanto por el tema como por la presentación, con la calma de la pintura neoclásica. Fue prohibida su exposición durante dos años, pero al ser exhibida en el Salón Oficial causó un tremendo escándalo social.

Antes de pintarlo, hizo numerosos bocetos y estudios previos sobre cadáveres y restos humanos sacados de cementerios y ejecuciones públicas. Los personajes componen toda una serie de expresiones patéticas. La desesperación e impotencia más absoluta se aprecia en el anciano que da la espalda al barco y que sostiene el cadáver de su hijo muerto. El atisbo de la esperanza llega al entusiasmo desbordado de los hombres que agitan sus camisas al horizonte, donde se aprecia el mástil del barco salvador en el horizonte. La visión es completamente dantesca, con la balsa medio deshecha por el oleaje, los cuerpos de los muertos, putrefactos, mutilados, desperdigados por la balsa. Pero Gericault eliminó los detalles más escabrosos, como el canibalismo, heridas, etc.

Más que personas, son símbolos de la desesperanza y la desilusión. El cuadro acentúa esta cruel desesperanza ya que el viento corre en su contra, azotando la vela hacia el lado contrario al supuesto navío salvador. Además, grandes olas se ven en el fondo; y el cielo encapotado anuncia tormenta.

La escena se construye sobre el eje de una gran diagonal que va desde el cuerpo muerto y extendido de la izquierda hasta el hombre que, alzado por sus compañeros, ondea la camisa. Frente a ella, y en sentido contrario, se cruza una segunda diagonal desde el cuerpo de la esquina derecha a la improvisada vela hinchada. Gracias al enlace de las posturas de los personajes, el cuadro se presenta como una masa humana en pleno dinamismo. El tratamiento del espacio busca dar mayor importancia a la escena que ocurre en la balsa. Para ello, el pintor elige un punto de vista elevado que nos permite apreciar todos los distintos sentimientos de los náufragos, cerrando el espacio por una línea de horizonte muy alta que reserva el tercio superior del lienzo a la representación de un cielo tormentoso que acentúa la tragedia. En las figuras existe una fuerte tendencia hacia el realismo. Busca gestos expresivos y fuertes escorzos que le permiten intensificar el clima emocional a la vez que demuestran su exquisito dominio de la anatomía humana aprendido tanto del natural como de los grandes maestros.

En resumen, esta obra es un verdadero manifiesto de lo que será la escuela romántica, tanto en lo temático (visión trágica y pesimista de la realidad con un hombre enfrentado a fuerzas poderosas ante las que termina sucumbiendo), como en lo técnico (uso del repertorio manierista y barroco de diagonales, tenebrismo, colores cálidos, escorzos en busca de una imagen dramática y perturbadora que convenza al espectador a través de los sentimientos).
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