miércoles, 16 de marzo de 2011

Goya: La gallina ciega

Obra: La gallina ciega
Autor: Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)
Fecha: XVIII segunda mitad (hacia 1788)
Estilo: Neoclásico
Técnica: Óleo sobre lienzo
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La gallina ciega es un juego infantil en el que se tapan los ojos a un jugador seleccionado, normalmente con un pañuelo o venda. El resto de jugadores dan vueltas a su alrededor. La gallina (jugador del centro) intenta pillar a alguno de los que cantan tocándole con la mano o la cuchara pero sin pegar, por supuesto. Cuando alguien es atrapado sustituye a la gallina. El juego también se conocía como “el cucharón” por el objeto que lleva el personaje que está con los ojos vendados y que hace de gallina. Era un juego muy popular en la época, tanto para la nobleza como para el pueblo más sencillo. En la imagen un grupo de diez majos y majas vestidos con las capas humildes de la sociedad española con que los aristócratas (como los de este cuadro) gustaron de vestir en la época; otros van con casacas y sombrero de pluma, según la moda francesa de las clases altas. Parece que juegan a orillas de un río que bien podría ser el Manzanares. Es un cartón (ver El quitasol) que forma parte de otros para el dormitorio del palacio del Pardo de las hijas del futuro Carlos IV. Respiran un ambiente lúdico y alegre. El movimiento y el dinamismo de las figuras así como algunos escorzos atrevidos han sido muy bien captados. Se sugiere que pueda representar una escena de amor, que parece ser confirmada por la actitud de flirteo de las dos figuras de la izquierda, poco atentas al juego. Es uno de los cartones más coloristas de Goya. La composición está resuelta alternando los personajes entre los huecos que dejan los situados en primer y último término, y contrastando el joven que se agacha a la derecha para esquivar el cucharón con el que le intenta tocar y la mujer inclinada hacia atrás con otro joven que lo hace hacia adelante. El cuadro es un exponente decantado del estilo galante y sus rasgos de estilo característicos: vivacidad, inmediatez, curiosidad, cromatismo de suaves rosas, texturas de gasa en las faldas de las mujeres, un paisaje de fondo luminoso y el reflejo de un momento encantador de disfrute de la vida. A partir de 1775 comienza para Goya un período de gloria y popularidad, así como de fuertes ingresos; el ambiente cortesano y su público consumidor y receptor, se reflejan en el aspecto general de su producción: son obras de fresco colorido, desenvueltas e ingenuas. El pintor se convierte también en el retratista de moda. Su mundo de majas y embozados satisface el gusto de la aristocracia porque era popular. Hasta los cuarenta años Goya se limita a pintar escenas costumbristas, que no hacen prever al maestro singular de las etapas posteriores. Si hubiese muerto a los 40 años no hubiese pasado de ser un pintor de segunda fila.

1 comentario:

Nuestro Garito dijo...

Nos ha encantado tu bitácora. La idea en sí misma es magnífica y más aún su plasmación.

Gracias por compartir Belleza con el mundo.

Saludos.